En la ciudad Desca todos estaban muy contentos; tenían un rey justo que les ayudaba cuando lo necesitaban, era un rey que gobernaba de una forma eficaz; igual que lo podría haber hecho un robot. Su eficacia radicaba en su sentido de la justicia y en que se dedicaba a distribuir unas etiquetas maravillosas; que había diseñado su secretario y que volvía a todo el mundo de color beige.
Las etiquetas habían convertido a Desca en un lugar maravilloso en el que todo el mundo se respetaba, porque era igual, todos tenían su etiqueta incluso los niños que acababan de nacer recibían solo por ello un apósito, que les hacía pertenecer completamente a Desca; Por esa etiqueta todos guardaban una gran estima al secretario real y por supuesto al rey.
Durante muchos años todo el mundo podía entrar a formar parte de la ciudad de Desca, solo tenían que cumplir el requisito de ponerse uno de los maravillosos parches que elaboraba el secretario real.
Pero un día ocurrió el desastre, el secretario real perdió uno de los ingredientes básicos para fabricar sus etiquetas, se quedó sin él; no lo había en ningún sitio, el rey envió a emisarios a buscarlo en todos los rincones del universo... no había más; se había agotado. La ciudad de Desca entró en shock, nadie era capaz de delimitar la intensidad ni la inmensidad de lo ocurrido, la gente se miraba por las calle preguntándose: ¿por qué? En la mirada de todo el mundo y en la actitud se podía leer el pánico a lo desconocido; que iban a hacer sin etiquetas. Además la gente estaba empezando a perder su color beige y lo que es peor, no todos tenían los mismos colores; unos eran más vivaces otros menos, otros anaranjados... Todos vivían su cambio de color como una verdadera tragedia; la única esperanza de la ciudad se limitaba a que él secretario real diera con otra formula para crear etiquetas.
Un día en medio del estrés producido por tan magnánimo desastre el secretario dejó el mundo de los vivos, lamentándose por no haber sido capaz de anticipar la tragedia. Y el rey cayó presa del pánico, habiendo perdido cualquier vana esperanza que pudiera tener de volver a producir parches maravillosos.
En medio de la crispación se le ocurrió la idea de anunciar que se buscaba un nuevo secretario real; capaz de hacer de nuevo las etiquetas que habían hecho tan feliz a su pueblo. La idea fue recibida con gran regocijo por todos los habitantes de la ciudad, por fin alguien podría hacerse cargo de nuevo de elaborar las etiquetas que necesitaban para sentirse iguales. Pero pronto el regocijo inicial volvió a tornarse en desolación, nadie quería ocupar el puesto del secretario real; todos huían de esa responsabilidad, nadie quería hacerse cargo de ello.
Al cabo de unos meses el país estaba prácticamente en bancarrota; nadie se sentía cómodo con su nuevo color, algunos comerciantes se negaban a contratar a empleados de cierta tonalidad e incluso se hizo una campaña de ejecución de los que tenían color gris, por considerarlos ladrones sofisticados. El rey consiguió detener las revueltas en las calles con mano dura y restricciones a los ciudadanos. Hasta que de repente un día una mujer amarilla se presentó ante el rey; venía dispuesta a asumir el puesto de secretaria, pero a nadie le dio buena espina, tenía un color temiblemente brillante y se presentó ante el rey con estas palabras:
- Señor, mi nombre es Merich, me presento al puesto vacante de secretario. Tengo buenas maneras escribiendo, además conozco bien a los conciudadanos y puedo utilizar mi palabra como herramienta para unirnos a todos de nuevo.
- ¿Sabes hacer buenos parches, que devuelvan el monocronismo a la población? Aunque sean de ese repugnante tono brillante que tú tienes.- Sentenció con voz profunda el monarca.
- No señor, mi único conocimiento es la palabra, además puedo captar el rumor que se encuentra en cada uno de los miembros de la comunidad, puedo también ayudar a resolver conflictos entre los que somos de colores distintos, puedo...
- ¿Sé más clara en tu respuesta?- Cortó tajantemente el rey- ¿Porque luces ese color?¿Tienes algo que pueda suplir a las etiquetas?
- No, señor. De hecho yo me he quitado mi etiqueta, puedo vivir...
- !Vete de aquí ahora mismo!- Gritó el rey airado- Sin etiquetas, ¿donde está el control del rey sobre los súbditos? Te crees que soy estúpido ideas como las tuyas son las que hacen que mi reino se vaya a pique, no quiero verte más por aquí.
Merich se fue, sin agachar la cabeza, y luciendo su color amarillo chillón como un orgullo; pero sus palabras y la leyenda de la mujer que vivía sin parche fueron creando un eco en la sociedad. Poco a poco los habitantes de Desca empezaron a quitarse sus parches y a considerar que a lo mejor lo que hacía Merich no era una locura. En pocos meses, todo el mundo hablaba de la valentía de Merich y casi sin querer ella se hizo un hueco en la ciudad. La gente iba a consultarle como debía de hacer para comportarse con los ciudadanos de otros colores; a la gente le gustaba estar con ella y fue creando en la sociedad una red de contactos que le favorecían a todos fueran del color que fueran; los ayudó a comprender que necesitaban de los demás para crecer y consiguió que la crisis que había supuesto el fin de los parches desapareciera finalmente.
Así que el rey asombrado por la hazaña conseguida por la extraña mujer amarilla, la invitó a formar parte de su equipo de gobierno como secretaria. Ella se sintió halagada por la oferta pero la declinó en una carta que hizo llegar a todos los ciudadanos:
“Estimado monarca:
Me siento feliz de que me ofertéis tan alto puesto en vuestro equipo; pero debo rechazarlo, porque yo no fabrico etiquetas, ese no es mi oficio; yo sólo soy capaz de escuchar de verdad lo que sienten los otros sin fijarme en su apariencia, sin necesidad de obligaciones ni de normas. Yo sólo sé que me siento feliz ayudando a que los ciudadanos se encuentren y se ayuden, sólo sé que la gente que no tiene etiquetas no es igual externamente, pero puede compartir su corazón y su experiencia para crear una ciudad mejor para ellos y para su futuro. Así que seguiré trabajando, pero sin pertenecer a su equipo de gobierno.
Un saludo
Merich”
Rochi 23/02/2011
